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Obtención de materia prima de alta calidad para la elaboración de vino mediante fitomoduladores

Obtención de materia prima de alta calidad para la elaboración de vino mediante fitomoduladores

24 de abril de 202623

En esta etapa también tiene lugar un segundo proceso de gran importancia: la formación de la futura cosecha.

Al final de la floración es fundamental garantizar el mayor número posible de células en las futuras bayas. Una vez finalizado este período, ya no será posible aumentar su cantidad; únicamente podrán expandirse las células ya formadas.

Las semillas son el principal mecanismo de reproducción de la vid. Como cualquier planta, la vid busca proporcionarles todo lo necesario para asegurar su desarrollo.

Los productos utilizados en nuestro programa contienen cuatro componentes principales: boro, calcio, silicio y fitoauxinas.

El calcio actúa como un elemento desencadenante indispensable. Cada célula debe recibir al menos una cantidad mínima de calcio para garantizar una distribución uniforme en los tejidos. Además, el calcio contribuye a la resistencia de la piel de la baya, a su coloración y a la uniformidad de la maduración.

Las fitoauxinas y el boro funcionan como una verdadera locomotora fisiológica, dirigiendo el flujo de nutrientes hacia las zonas de crecimiento activo: los racimos en desarrollo, los extremos de los brotes antes de la formación de la cosecha y los puntos de crecimiento del sistema radicular.

El silicio, al igual que el calcio, actúa como un mecanismo de respaldo. Si existe una deficiencia de boro o de auxinas, puede asumir parcialmente su función y mantener el transporte de nutrientes hacia los órganos prioritarios.

Para controlar el estado fisiológico de las plantas, realizamos análisis periódicos en el viñedo, evaluando la evolución del contenido de materia seca tanto en las hojas como en las bayas.

Desde la formación de las bayas, los procesos de transporte de fotoasimilados se intensifican progresivamente y pasan a predominar al inicio del envero. En esta fase, el contenido de materia seca en las hojas debe disminuir gradualmente, mientras que en las bayas debe aumentar.

Todas las reservas acumuladas en las hojas deben transferirse hacia los órganos reproductivos. En realidad, estos recursos se dirigen principalmente a las semillas. Por ello, el número y tamaño de las semillas permiten estimar desde etapas tempranas el potencial cualitativo de la materia prima destinada a la elaboración de vino.

Durante este mismo período existe una ventana de intervención extremadamente corta para influir en la síntesis de compuestos fenólicos. Generalmente no supera una semana. Si la aplicación se realiza demasiado pronto o demasiado tarde, su eficacia disminuye considerablemente.

Por esta razón utilizamos fitopreparados específicos que, además de los componentes mencionados anteriormente, contienen un complejo adicional de micronutrientes y reguladores fisiológicos que estimulan la formación de compuestos aromáticos y gustativos.

Gracias a estas intervenciones, la calidad futura del vino comienza a formarse directamente en la vid. Al estimular simultáneamente el sistema conductor y los mecanismos de transporte hacia las semillas, es posible movilizar al máximo las reservas acumuladas en las hojas hacia los racimos.

Posteriormente, el objetivo consiste en mantener este flujo de transporte de la forma más eficiente posible. Sin embargo, esto no significa que deba abandonarse la protección del aparato foliar. Al contrario, cuanto más tiempo permanezcan activas las hojas, mayor será la producción de compuestos beneficiosos y más elevado será el contenido de compuestos fenólicos en las bayas.

Por ello es fundamental preservar el follaje hasta el final del ciclo vegetativo.

Después de la cosecha, los tratamientos no se interrumpen. Las hojas que han trabajado intensamente durante la temporada suelen disponer de reservas limitadas precisamente cuando se aproxima el período invernal.

Los azúcares son esenciales para una correcta resistencia al frío, la maduración de la madera, el desarrollo de las yemas y su conservación durante el invierno.

Antes de la caída de las hojas realizamos dos tratamientos complementarios: el primero está destinado a restaurar la actividad de los cloroplastos, mientras que el segundo favorece la movilización completa de los azúcares desde las hojas hacia la madera, las yemas y el sistema radicular.

Ambas aplicaciones pueden realizarse conjuntamente en una misma mezcla de tanque o por separado, dependiendo del estado fisiológico de las plantas. Cuando las vides están muy debilitadas, es preferible realizar aplicaciones separadas. Si las reservas son suficientes, generalmente es posible combinarlas.

Como siempre, las decisiones deben basarse en análisis y diagnósticos. Una simple evaluación visual no permite determinar con precisión estas diferencias.

Gracias a esta estrategia, logramos en una sola temporada corregir diversos desequilibrios nutricionales, mejorar la calidad de las bayas y reducir la fitotoxicidad asociada al sodio, un factor que también puede afectar negativamente la calidad del vino.

Cabe destacar otro papel importante de estos preparados: el fortalecimiento del sistema inmunitario de la planta.

Frente a las enfermedades virales, la planta solo puede apoyarse en sus propios mecanismos de defensa. Hasta la fecha no existe ningún producto capaz de eliminar completamente los virus presentes en los tejidos vegetales.

Las fitohormonas utilizadas en esta línea de productos se obtienen a partir de materias primas vegetales y no mediante síntesis química. Por ello, actúan de forma similar a las hormonas producidas naturalmente por la propia planta.

Sin provocar fitotoxicidad ni alteraciones hormonales, participan en la activación de proteínas marcadoras capaces de identificar las células infectadas por virus y favorecer posteriormente su eliminación.

Como parte de una estrategia integral de manejo de enfermedades virales, estas sustancias contribuyen significativamente a mejorar el estado general del viñedo y a mantener su productividad durante largos períodos.
La fisiología de la vid, al igual que la de cualquier otra planta de nuestro planeta, se basa en dos procesos fundamentales: la acumulación y el transporte. Para obtener una materia prima de alta calidad destinada a la producción de vino, es necesario controlar ambos procesos.

Imagine una fábrica en funcionamiento. Esa fábrica es la hoja de la vid. En ella tienen lugar continuamente procesos de síntesis de compuestos orgánicos. Para que la fábrica funcione, es necesario obtener y suministrar materias primas. Esta tarea corresponde al sistema radicular y al sistema conductor de la planta.

Aunque la absorción de nutrientes por las raíces es un tema bien conocido por los viticultores, el sistema conductor suele recibir poca atención hasta que aparecen necrosis u otros síntomas visibles. Sin embargo, este sistema constituye la verdadera logística de la planta: sin él, los fertilizantes y nutrientes nunca llegarán a las hojas.

Los fallos en el sistema conductor son más frecuentes de lo que parece y, lo que es peor, a menudo pasan desapercibidos. En la mayoría de los casos, son consecuencia de la obstrucción de los vasos por depósitos de sales procedentes de fertilizantes, residuos generados por plagas o sustancias mucilaginosas asociadas a infecciones virales o a una preparación inadecuada para el invierno.

Para prevenir estos problemas, utilizamos un programa de aplicaciones foliares con fitopreparados.

Uno de sus componentes principales es el ácido salicílico, conocido por su capacidad para reducir la obstrucción de los vasos conductores. Aunque esta no es su única función, desempeña un papel importante en el mantenimiento de una circulación eficiente de nutrientes dentro de la planta.

La absorción y el transporte de nutrientes representan solo una parte del proceso. Paralelamente, en la hoja se producen compuestos orgánicos derivados de la fotosíntesis, que posteriormente son transportados a otros órganos o almacenados temporalmente. Por ello, la hoja funciona tanto como una fábrica como un almacén.

Mantener un aparato foliar sano es esencial. Cuanto mayor y más saludable sea la superficie foliar, mayor será la producción y acumulación de azúcares, compuestos fenólicos, ácidos orgánicos y proteínas.

En esta etapa es importante equilibrar la capacidad de almacenamiento de la planta con el nivel de producción esperado.

¿Por qué es tan importante? Porque al inicio del envero los procesos de exportación de fotoasimilados comienzan a predominar sobre los procesos de consumo y producción. A partir de ese momento, la planta depende en gran medida de las reservas acumuladas previamente. Si estas reservas son insuficientes, será difícil obtener una materia prima de calidad.

En términos sencillos: primero trabajamos para la hoja y después la hoja trabaja para nosotros.

Los productos seleccionados dentro de nuestro programa contribuyen tanto a preservar la salud del aparato foliar como a mantener su actividad fisiológica. Contienen clorofila lista para usar, especialmente útil durante los períodos críticos, así como reguladores fisiológicos que estimulan la producción natural de clorofila por parte de la propia planta.

Sin embargo, es importante recordar que nada surge de la nada. Para que estas estrategias funcionen eficazmente, la planta debe disponer de una nutrición equilibrada. Por ello, el manejo adecuado del suelo sigue siendo una condición indispensable.

Uno de los mayores desafíos consiste en mantener las hojas funcionales durante los períodos de estrés. En las regiones del sur, el estrés hídrico es generalmente el factor más limitante.

El ácido salicílico ayuda a reducir sus efectos al disminuir la temperatura del jugo celular mediante mecanismos fisiológicos internos. Además, actúa como agente quelante, transformando compuestos metálicos potencialmente fitotóxicos acumulados tras aplicaciones convencionales de fertilizantes en formas más seguras y asimilables de micronutrientes.

Para reforzar aún más la protección frente al estrés térmico, se emplea un fitopreparado adicional. Este producto favorece la formación de agua coloidal dentro de los tejidos vegetales. Esta forma de agua no se evapora fácilmente, pero sigue participando activamente en los procesos metabólicos y de disolución.

Además, contribuye a reducir la degradación de los ácidos orgánicos provocada por las altas temperaturas.