Foliart logo
Primera fertilización de cultivos perennes

Primera fertilización de cultivos perennes

24 de abril de 2025168

Fundamentos fisiológicos de la nutrición primaveral de las plantas: por qué la aplicación temprana de nitrógeno es ineficaz y potencialmente perjudicial

8pni8i9g0m5r77tevk20z0nuxd1y880m

Con la llegada de la primavera, los jardineros y los agricultores suelen sentir la tentación de proporcionar inmediatamente a las plantas nitrógeno fácilmente asimilable. La lógica que sustenta esta práctica es intuitiva: para el crecimiento de la masa verde se necesita material de construcción. Sin embargo, los datos de la fisiología vegetal demuestran que una estimulación tan temprana no solo no aporta los beneficios esperados, sino que también puede desencadenar toda una serie de consecuencias metabólicas negativas.

Estrategia de supervivencia: movilización de los recursos endógenos

Durante la fase inicial del periodo vegetativo, mientras el suelo no se haya calentado hasta alcanzar temperaturas biológicamente activas, aproximadamente +10 °C, el sistema radicular de los cultivos perennes funciona de manera limitada. La formación de nuevos pelos absorbentes y el transporte activo de iones a través de la rizodermis se encuentran ralentizados.

Durante este periodo, la planta depende exclusivamente de la removilización de los nutrientes de reserva acumulados en los tejidos de la corteza, la médula y los rizomas durante la temporada anterior.

En esta etapa, el metabolismo energético y plástico está orientado hacia una única tarea prioritaria: el despliegue de la superficie foliar fotosintéticamente activa. Cualquier desviación de recursos hacia el procesamiento de aportes externos, en ausencia de una interacción plenamente funcional entre los órganos fuente y sumidero, provoca una disminución de la velocidad de los procesos de crecimiento.

La trampa bioquímica: nitrógeno sin sustrato

z1u85wt7612cw3nkaitk08gsnlmksstm

La aplicación de fertilizantes nitrogenados minerales, en forma nítrica o amoniacal, en un suelo frío provoca una activación prematura de los sistemas enzimáticos de las raíces. Sin embargo, para convertir el nitrógeno inorgánico en compuestos orgánicos —aminoácidos y, posteriormente, proteínas estructurales— es necesario que se cumplan varias condiciones estrictas.

  1. Déficit de esqueletos de carbono. La reacción de aminación, es decir, la incorporación del nitrógeno a una molécula orgánica, requiere la presencia de cetoácidos formados durante la fotosíntesis, especialmente en el ciclo de Calvin, y durante la respiración. Dado que el aparato fotosintético de las hojas todavía no está completamente formado en la fase de apertura de las yemas, la planta se ve obligada a utilizar las reservas limitadas de carbohidratos almacenadas en los órganos de reserva. Esto provoca un desplazamiento de las sustancias plásticas desde los meristemos de crecimiento hacia las zonas donde se metaboliza el exceso de nitrógeno.

  2. Ausencia de macronutrientes complementarios. El proceso de síntesis de proteínas depende de manera crítica de la presencia de azufre, que forma parte de los aminoácidos metionina y cisteína, y de fósforo, presente en los enlaces de alta energía del ATP y en los ácidos nucleicos. En condiciones de bajas temperaturas, la disponibilidad de fosfatos disminuye considerablemente debido a la reducción de su difusión pasiva en la solución del suelo, mientras que la actividad de la microbiota del suelo encargada de mineralizar los compuestos orgánicos de azufre y fósforo permanece en niveles mínimos.

Consecuencias de una nutrición mineral desequilibrada

Debido a la imposibilidad de incorporar inmediatamente el nitrógeno absorbido al metabolismo estructural, este se almacena temporalmente en las vacuolas celulares en forma de nitratos o amidas. Este fenómeno está asociado a dos riesgos importantes:

  • Disminución de la fitoimmunidad. El elevado contenido de compuestos nitrogenados libres en los tejidos modifica la presión osmótica del jugo celular y aumenta la proporción de carbohidratos no estructurales. Estos tejidos se vuelven más vulnerables a la penetración de las hifas de hongos patógenos y resultan más atractivos para las plagas picadoras-chupadoras, como los pulgones y los ácaros.

  • Disminución de la resistencia a las heladas. La acumulación excesiva de nitratos favorece el aumento del contenido de agua en el citoplasma y el adelgazamiento de la pared celular, lo que incrementa el riesgo de daños en los tejidos durante las heladas primaverales tardías.

Recomendaciones sobre el momento de las intervenciones agronómicas

Por lo tanto, la aplicación temprana de fertilizantes nitrogenados constituye un uso ineficaz de los recursos y provoca un desequilibrio de los flujos metabólicos. Desde el punto de vista de la fisiología vegetal, el momento óptimo para la primera fertilización es la fase de despliegue completo del limbo foliar y el inicio de una corriente transpiratoria activa.

En ese momento:

El suelo se calienta hasta alcanzar temperaturas que activan el crecimiento de las raíces absorbentes y la actividad de la microflora de la rizosfera.

Se restablece la fotosíntesis normal, proporcionando el aporte necesario de esqueletos de carbono para la asimilación del nitrógeno.

El fósforo del suelo se vuelve disponible para la planta.

Antes de alcanzar esta fase fenológica, las prácticas agronómicas más racionales son aquellas dirigidas a mejorar la aireación del suelo mediante el aflojamiento y a conservar la humedad. Estas medidas estimulan indirectamente el desarrollo natural del sistema radicular sin interferir en la regulación precisa de los procesos de crecimiento de la planta.

Durante este periodo, cuando se dispone de fertirrigación, una práctica eficaz consiste en aplicar Foliart Riza a una dosis de 4 l/ha, lo que contribuye a estimular la actividad del sistema radicular.

Primera fertilización de cultivos perennes | Foliart